El nombramiento de Rodríguez como jefa del Ejecutivo interina fue ratificado por el Tribunal Supremo, lo que refuerza su posición en un gobierno que ha estado bajo críticas internacionales por falta de legitimidad. En esta sesión también se ratificó a su hermano, Jorge Rodríguez, como presidente del Parlamento, consolidando el control familiar en la estructura del chavismo.
Mientras Maduro y Flores se declaran no culpables ante los tribunales estadounidenses y tendrán que comparecer nuevamente, la presión sobre Rodríguez aumenta. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha intensificado su enfoque hacia el nuevo liderazgo venezolano, subrayando que ve en Rodríguez a la figura clave para la transición democrática.
En respuesta a estos acontecimientos, Delcy Rodríguez ha anunciado su intención de buscar una cooperación constructiva con Estados Unidos, al mismo tiempo que reafirma el derecho de Venezuela a la soberanía y la paz, tratando así de equilibrar las expectativas internas y externas.
Rodríguez, una destacada abogada y militante histórica del proyecto bolivariano, ha ocupado roles clave en el gobierno, incluyendo su labor como ministra de Exteriores y vicepresidenta ejecutiva, lo que la llevó a consolidar un considerable poder político. Su discurso ha estado marcado por un fuerte rechazo a las sanciones impuestas por potencias occidentales, creando una imagen de resistencia que ha resonado entre sus seguidores.
La asunción de Delcy Rodríguez a la presidencia interina no solo representa un cambio de liderazgo, sino que también plantea desafíos complejos tanto a nivel interno como frente a la comunidad internacional. La gestión de Rodríguez será observada de cerca, con la esperanza de que este nuevo capítulo esté marcado por decisiones que definan el futuro de Venezuela, en un contexto de soberanía y autodeterminación frente a presiones externas.
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