

Señor Director:
Enfrentamos un momento crítico. Aún sin haber asumido, el próximo gobierno se ve obligado a demostrar que el Estado puede actuar con seriedad y efectividad ante situaciones de alta complejidad, como las que actualmente atraviesa la Región del Bío Bío. No se trata solo de una oportunidad política; es una responsabilidad institucional que no puede ignorarse, especialmente ante el dolor y la incertidumbre de miles de ciudadanos.
La reciente gestión en Valparaíso se ha convertido en un ejemplo de lo que no se debe repetir en la gestión de catástrofes: descoordinación, mensajes confusos y una respuesta estatal que ha sido percibida como tardía e insuficiente. No se trata de comparar tragedias, sino de comprender que las malas experiencias enseñan y su ignorancia trae costos humanos y sociales que el país no puede seguir pagando.
El actual gobierno ha mostrado falencias en la gestión de crises, que van más allá de buenas intenciones. Es un tema de mando, coordinación interinstitucional, logística y ejecución. Las lecciones del pasado deben valorarse no como nostalgia, sino como guías a seguir.
Chile ya ha lidiado con momentos en que la institucionalidad civil fue severamente sometida a pruebas. El terremoto y maremoto de 2010 es un claro ejemplo. La ONEMI perdió su liderazgo en los momentos críticos tras los errores iniciales. La urgencia requirió asegurar que la ayuda llegara donde más se necesitaba, evitando un colapso estatal aún mayor.
Desde el Ministerio de Defensa se debió crear un Centro de Coordinación Logística, integrando a las Fuerzas Armadas para restablecer la capacidad de respuesta estatal. Esta experiencia mostró la importancia de una conducción clara y la necesidad de trabajar en unidad, incluso en contextos adversos. No se trata de despreciar las lecciones que el pasado nos deja; por el contrario, cada experiencia es una oportunidad para mejorar la actuación del Estado.
Superada la fase crítica, el reto se transformó: se trataba de pasar de la emergencia a la reconstrucción, levantando miles de viviendas en plazos estrictos. El éxito no se logró a través de discursos, sino con planificación y compromiso.
Hoy, la Región del Bío Bío se encuentra nuevamente en la cuerda floja, enfrentando incendios devastadores que han destruido hogares y provocado muertes. Esto plantea una pregunta crucial: ¿está el Estado preparado para gestionar crisis complejas y prevenir futuras catástrofes?
La gestión de crisis no debe limitarse a una reacción pasiva. El futuro gobierno debe contar con información verificada y analizada para anticipar y neutralizar amenazas. La prevención debe abordarse como una obligación ética y política, no como un eslogan.
Es esencial recordar que la gestión en situaciones de crisis requiere no solo de capacidad operativa, sino también de un profundo sentido del deber y de la contraloría ética. En medio del caos, surgen tentaciones de instrumentalizar el dolor ajeno, lo que requiere prudencia y discernimiento para no desviar recursos de soluciones directas.
Este aprendizaje es vital para enfrentar la actual crisis. Lo ocurrido en el Bío Bío no debe ser solo un desafío inmediato, sino una prueba de que Chile puede responder con responsabilidad y sentido de Estado, aprendiendo de sus errores y aciertos.
Christian Slater E.
Coronel (R) del Ejército de Chile